El Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) ha registrado en Guadalajara un total de 4 defunciones atribuibles al efecto de las temperaturas durante este periodo estival. A pesar de estas muertes climáticas, el balance global de la provincia arroja un comportamiento térmico anómalo: se han contabilizado 445 defunciones totales frente a las 453 estimadas como base, lo que supone un saldo negativo de 8 muertes menos de las esperadas estadísticamente por todas las causas.

El sistema predictivo del impacto climático en la salud
Este retrato de la mortalidad estival se extrae del modelo estadístico desarrollado por el Ministerio de Sanidad para medir el impacto de eventos de salud pública vinculados al clima. Para calcular estas cifras en Guadalajara, la herramienta cruza tres fuentes de información: las defunciones diarias de la última década (excluyendo la anomalía pandémica de 2020), los registros térmicos provinciales de la AEMET y la estructura demográfica del INE. Las 4 defunciones climáticas afloran al restar las muertes estimadas sin efecto térmico de aquellas que sí incluyen en la ecuación las variables de temperatura.
Contexto de un verano con temperaturas excepcionales
Estas cifras de mortalidad se enmarcan en un periodo estival marcado por episodios climáticos adversos en la provincia. Tal y como ha documentado la hemeroteca de Liberal de Castilla, el pasado mes de julio la AEMET tuvo que activar el aviso amarillo en Guadalajara capital y la provincia, con temperaturas que oscilaron entre los 36 y los 38 grados.
Aunque el exceso de mortalidad general sea negativo, este patrón no resta gravedad al impacto puntual de las olas de calor. De hecho, los datos históricos recientes de la provincia confirman esta vulnerabilidad térmica: el verano de 2025 se consolidó como el segundo más caluroso de la serie histórica y el sistema MoMo llegó a registrar entonces un exceso de 11 muertes en la provincia, siendo el calor la causa directa de dos de ellas durante los primeros compases de aquella temporada. El balance de este año vuelve a demostrar que, cuando la temperatura máxima crítica se supera durante días consecutivos —lo que el sistema MoMo define como sobrecarga térmica acumulada—, el impacto en la mortalidad provincial es inevitable.

