Durante el periodo estival de 2026, el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) ha registrado en Cuenca un total de 21 defunciones directamente atribuibles al efecto de las temperaturas. Según los últimos datos estadísticos de este verano, la provincia ha contabilizado 447 muertes observadas frente a las 438 estimadas como base, lo que certifica un exceso de mortalidad por todas las causas de 9 personas.

El análisis de la mortalidad a través del sistema MoMo
Este balance local se extrae del modelo predictivo coordinado por el Ministerio de Sanidad, una herramienta diseñada para identificar desviaciones y medir el impacto del clima en la salud pública. Para calcular de forma precisa estas cifras en Cuenca, el sistema estadístico cruza las defunciones diarias de la última década (excluyendo la anomalía de 2020), los registros térmicos provinciales proporcionados por la AEMET y la demografía del INE. Las 21 defunciones climáticas afloran al restar las muertes esperadas sin efecto térmico de aquellas estimadas incluyendo las temperaturas máximas y mínimas.
Evolución del impacto térmico en la provincia
Esta radiografía actual de finales de verano muestra un cambio de ciclo respecto al inicio de la temporada en Cuenca. Tal y como documenta el archivo de Liberal de Castilla, la provincia presentó un comportamiento inusual durante el primer mes y medio estival, llegando a registrar 23 muertes totales menos de las esperadas estadísticamente, aunque el calor extremo ya se había cobrado entonces una primera vida.
La consolidación de estas cifras mortales se explica por el efecto acumulado del calor sostenido, lo que los especialistas definen como sobrecarga térmica (ATO). El mantenimiento de los termómetros por encima de la temperatura máxima crítica provincial durante días consecutivos prolonga sus efectos negativos sobre la salud, transformando aquel inicio de verano anómalamente benigno en un balance que ya suma más de una veintena de defunciones atribuibles a los excesos térmicos en la provincia.

