La localidad de Barbalimpia, un enclave natural situado a menos de 30 kilómetros de Cuenca capital, acogerá durante los días 7, 8 y 9 de agosto la cuarta edición de su Mercadillo Solidario. Este evento, organizado íntegramente por un grupo de vecinos, tiene un propósito claro y directo: destinar toda la recaudación económica a las obras de mejora y al mantenimiento continuo de las instalaciones de su iglesia románica, un monumento que los habitantes de la zona cuidan con especial dedicación.
Los puestos de venta se ubicarán a lo largo de la calle de la Iglesia y abrirán al público en horario de tarde, concretamente desde las 19:00 hasta las 21:00 horas. Quienes decidan acercarse al municipio encontrarán una variada oferta de productos elaborados manualmente por los propios residentes. Entre los artículos disponibles, elaborados con esmero para esta causa comunitaria, destacan diversas piezas de cerámica, trabajos de macramé y labores tradicionales de ganchillo.

Esta cita solidaria se enmarca dentro de la programación estival del pueblo, celebrándose justo una semana antes de que den comienzo sus fiestas patronales en honor a San Esteban. La principal novedad de esta cuarta entrega es la ampliación del calendario del mercado. Tras el notable éxito de afluencia y apoyo registrado en las tres ediciones anteriores, la organización ha decidido sumar un día extra de actividad. Con esta medida buscan ofrecer mayores facilidades de asistencia a los visitantes de la comarca y, en consecuencia, incrementar los fondos destinados al templo que une a todos los zorzaleros y zorzaleras.
Hemeroteca y evolución del patrimonio local
Consultando el archivo de Liberal de Castilla sobre la conservación del patrimonio en la provincia, la iniciativa de Barbalimpia ilustra con precisión la evolución del cuidado arquitectónico en los pequeños municipios conquenses. A lo largo de los últimos años, la actualidad local ha documentado de forma recurrente cómo la escasez de presupuestos institucionales para el mantenimiento de edificios históricos en pedanías ha empujado a las asociaciones vecinales a tomar las riendas y buscar vías de autofinanciación.
La situación de la iglesia románica de Barbalimpia refleja este esfuerzo colectivo. Lo que arrancó hace cuatro años como una propuesta puntual para sufragar necesidades básicas del templo, ha madurado hasta convertirse en un evento fijo que vertebra el verano en la localidad. Al vincular oficios tradicionales como la alfarería y el tejido con la salvaguarda de su edificio más antiguo, los vecinos consiguen un doble objetivo. Por un lado, aseguran la viabilidad económica del mantenimiento de la iglesia; por otro, consolidan un reclamo cultural que atrae visitantes desde Cuenca y municipios limítrofes, demostrando que la acción ciudadana es, hoy por hoy, el principal motor para mantener vivo el patrimonio en el entorno rural.

