La Iglesia de San Pedro y San Pablo de Cabanillas del Campo unió este sábado 1 de agosto el reconocimiento vecinal y la recuperación de su patrimonio arquitectónico. Durante la multitudinaria misa que conmemoraba el 50º aniversario de la ordenación sacerdotal del párroco Pedro Cañamares Moreno, el alcalde José García Salinas anunció la aprobación de una partida municipal de 70.000 euros. Estos fondos financiarán la mayor parte del proyecto para rehabilitar la escalera de la torre y el campanario, con el objetivo de permitir futuras visitas a la zona más alta del templo y ofrecer una nueva perspectiva panorámica del municipio.
El templo registró un lleno absoluto para arropar al sacerdote, que en septiembre cumplirá nueve años al frente de la comunidad cabanillera. Al acto acudieron vecinos de la localidad, fieles de distintos pueblos de la provincia y feligreses de destinos anteriores donde Cañamares ejerció su ministerio, destacando la presencia de residentes del barrio de Aguas Vivas de Guadalajara, vinculados a la parroquia de San Diego de Alcalá. La eucaristía fue concelebrada por seis sacerdotes y contó con representación de la corporación municipal, incluyendo al alcalde y a los concejales Javier Inés y Rosa María García, actual delegada provincial de la Junta.

Tras la ceremonia, el tejido asociativo de la parroquia entregó diversos obsequios al párroco, incluyendo una caricatura por parte del coro y nuevas vestiduras litúrgicas donadas por las hermandades. El Ayuntamiento, por su parte, le otorgó una placa conmemorativa en reconocimiento a su labor y cercanía durante casi una década en el municipio. Salinas destacó la voluntad del sacerdote para mantener un clima de entendimiento institucional, subrayando el papel fundamental de los párrocos al acompañar a los vecinos en sus momentos vitales más importantes.
Revisando el archivo histórico de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara, la trayectoria de Pedro Cañamares discurre en paralelo a la propia transformación social de la provincia en el último medio siglo. Ordenado en 1976 a los 25 años por el entonces obispo Laureano Castán Lacoma, su ministerio ha abarcado el episcopado de cinco prelados provinciales —desde el propio Castán hasta el actual Julián Ruiz Martorell— y el pontificado de seis papas. Esta constancia a lo largo de cinco décadas refleja el arraigo de figuras locales que trascienden el mero servicio religioso para convertirse en parte de la memoria viva de los municipios alcarreños.
Esa misma evolución histórica es la que ahora el Ayuntamiento busca preservar a nivel arquitectónico. La iglesia parroquial no es solo un centro de culto, sino el núcleo patrimonial de Cabanillas del Campo, hasta el punto de ser el emblema central de su escudo heráldico. La inversión de 70.000 euros anunciada durante el ágape posterior en la Casa de la Cultura garantiza que la historia local no solo se celebre en placas conmemorativas, sino que se convierta en un espacio transitable y abierto, consolidando el trabajo conjunto entre administración y parroquia para las futuras generaciones.

