La provincia de Cuenca cuenta desde esta semana con 90 nuevos efectivos de la Guardia Civil. Este contingente, compuesto por 85 agentes con destino definitivo y cinco alumnos en prácticas, tiene como objetivo principal afianzar la seguridad ciudadana en el medio rural. La subdelegada del Gobierno en Cuenca, M.ª Luz Fernández, y el comandante de la Comandancia provincial, Carlos Martínez, han recibido oficialmente a los nuevos miembros del Instituto Armado.

De los 85 guardias civiles que se incorporan a sus puestos de manera definitiva, 14 son mujeres, lo que representa un 16,5% del grupo. Este ingreso permite aumentar progresivamente la presencia femenina dentro de la Comandancia conquense. La mayor parte de estos agentes irá destinada a labores de seguridad ciudadana, distribuyéndose por los diferentes cuarteles de la provincia para garantizar la vigilancia en los pueblos.
Por su parte, los cinco agentes en prácticas pertenecen a la 131ª promoción de la Academia de Baeza. Todos ellos son naturales de la provincia de Cuenca y un 40% son mujeres. Para completar su formación profesional, realizarán su periodo de prácticas en los puestos de Motilla del Palancar, Quintanar del Rey y Tarancón, reforzando de forma directa las plantillas de estas localidades.
Durante el acto de presentación, M.ª Luz Fernández señaló que se trata de una de las mayores incorporaciones de los últimos años. La subdelegada enmarcó esta llegada en las políticas de incremento de la Oferta de Empleo Público, diseñadas para revertir los recortes de personal previos y dotar al territorio de plantillas cualificadas. Además, puso en valor el trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, recordando que Cuenca mantiene un índice de criminalidad muy por debajo de la media nacional.
El reto histórico de mantener la seguridad en la España rural
Analizando la trayectoria de la seguridad en la provincia a través del archivo de Liberal de Castilla, la llegada de estos 90 agentes supone un punto de inflexión frente a las dinámicas de años anteriores. Durante la pasada década, la preocupación por el envejecimiento de las plantillas y la no reposición de efectivos generó un intenso debate institucional sobre el futuro de los cuarteles en el medio rural conquense. Las noticias de entonces reflejaban el temor de los ayuntamientos a perder una figura clave para la tranquilidad de los vecinos en zonas afectadas por la despoblación.
Esta reciente ampliación de plantilla demuestra un cambio de ciclo en la gestión de la seguridad de la provincia. La evolución documentada en los últimos años muestra cómo se ha pasado de intentar evitar el cierre de pequeños puestos rurales a recuperar la capacidad operativa en comarcas clave. Al destinar a los nuevos efectivos y a los agentes en prácticas a zonas estratégicas como la Manchuela y la Mancha Alta, se consolida la presencia del Estado en el territorio, un factor que históricamente ha sido fundamental para fijar población y ofrecer una respuesta rápida ante cualquier incidencia en los municipios más aislados.

