El municipio conquense de Torrejoncillo del Rey se enfrenta a la posible instalación de dos macroplantas de biometano en su término municipal. La Asociación de Vecinos y Jubilados de Naharros, junto a la plataforma Pueblos Vivos Cuenca, analizó este pasado sábado en una charla informativa las implicaciones territoriales y ambientales de estos proyectos. Durante el encuentro vecinal, se detalló que una de las iniciativas ya cuenta con un informe de compatibilidad urbanística favorable tramitado por la Diputación. La situación genera inquietud entre los residentes, sobre todo ante la falta de transparencia sobre la identidad de las empresas promotoras, un dato que la alcaldía declinó desvelar durante el último pleno municipal celebrado en junio.

Un problema histórico ambiental
La comarca arrastra años de convivencia con los impactos derivados de la concentración de explotaciones intensivas y la gestión de sus purines. Según las analíticas reportadas por el propio Ayuntamiento al Ministerio de Sanidad, el agua del grifo en Torrejoncillo del Rey presenta actualmente niveles de nitratos de 85 miligramos por litro. Esta cifra supera ampliamente el límite legal de 50 mg/l establecido para que el agua sea considerada potable, prolongando una situación de contaminación que los vecinos sufren de forma continuada desde el año 2022.
El historial judicial de la zona refleja la magnitud de este problema estructural en la provincia. El Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha ya intervino en 2018, cuando anuló la autorización ambiental de una explotación porcina en el municipio por deficiencias graves en su evaluación. Una resolución similar se produjo en 2023 para otra instalación en la localidad limítrofe de Huerta de la Obispalía, donde los magistrados determinaron que no se habían evaluado de forma suficiente los efectos acumulativos de estas granjas sobre los acuíferos subterráneos.
Transparencia y futuro del municipio
Los expertos presentes en la jornada, como el profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha Máximo Florín, explicaron que el digestato generado por las plantas de biometano produce un efecto similar al del purín crudo. Este subproducto acaba filtrándose y elevando aún más los niveles de nitratos en el subsuelo. La advertencia cobra especial relevancia para los vecinos de pedanías como Villarejo Sobrehuerta, quienes denuncian que en la actualidad se siguen produciendo vertidos masivos que llegan a encharcar las parcelas agrícolas más próximas a las viviendas.
Ante este escenario, los colectivos vecinales exigen conocer el volumen exacto de residuos que tratarán las nuevas instalaciones, su procedencia y el tráfico pesado que soportará la red viaria local. Las organizaciones no cuestionan la tecnología del biogás en sí, sino un modelo industrial que requiere importar residuos desde largas distancias para ser rentable. La exigencia ciudadana pasa ahora por garantizar la transparencia administrativa para evitar que los errores del pasado terminen condicionando el futuro y la viabilidad del territorio durante las próximas décadas.

