El pasado 15 de junio de 2026, la histórica Torre de Chilluentes, ubicada en el término municipal de Tartanedo (Guadalajara), fue incluida de manera oficial en la lista de patrimonio en riesgo debido a su avanzado estado de ruina. Esta edificación militar del siglo XII, situada en una hondonada cerca de la pedanía de Concha, sufre una pérdida continua de material arquitectónico que compromete seriamente su estabilidad estructural. Las autoridades patrimoniales justifican esta decisión ante el peligro inminente de que la fortificación desaparezca a corto o medio plazo debido a la ausencia total de medidas de conservación en la zona.

El legado de Chilluentes
El antiguo núcleo de Chilluentes funcionó durante siglos como un enclave estratégico para la vigilancia y el control territorial en un espacio históricamente marcado por las tensiones fronterizas. Consultando la hemeroteca de liberaldecastilla.com sobre la evolución demográfica del Señorío de Molina, recuperamos los apuntes del siglo XVIII de Gregorio López de la Torre y Malo, quien documentó que este lugar llegó a ser un asentamiento con bastantes vecinos antes de despoblarse definitivamente en el año 1620. Tras su abandono, el territorio se repartió administrativamente entre las localidades cercanas de Concha y Establés.
De aquel municipio plenamente constituido solo sobreviven hoy en día las ruinas de la iglesia parroquial de San Vicente Mártir y la propia torre defensiva. Ambos elementos forman un conjunto arqueológico indisoluble que permite a los investigadores reconstruir cómo se organizaba la vida comunitaria, religiosa y militar en las pequeñas poblaciones rurales de la época medieval y moderna.
Evolución y deterioro estructural
La trayectoria de esta fortificación refleja el abandono progresivo del patrimonio rural en la provincia de Guadalajara. Originalmente, la torre cuadrada se alzaba cinco niveles sobre un basamento en talud, combinando mampostería medieval con patrones constructivos arcaizantes en forma de espiga. A pesar de contar con la máxima protección legal al ser declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en 1949, su historia reciente se resume en un desgaste constante sin que conste ninguna intervención para consolidar sus muros.
Actualmente, el monumento presenta daños críticos que aceleran su proceso de desmoronamiento:
Ausencia total de la cubierta original y colapso de al menos dos de sus lienzos perimetrales.
Disgregación generalizada del aparejo de piedra y debilitamiento extremo en las esquinas.
Existencia de un gran boquete en uno de los paramentos, resultado de un hundimiento estructural previo.
Acumulación de escombros sobre el basamento procedentes de los propios derrumbes de la fortificación.
La pérdida definitiva de la Torre de Chilluentes supondría borrar del mapa el principal referente físico para entender la configuración histórica y territorial de esta área del Señorío de Molina.

