La Confederación de Empresarios de Cuenca (CEOE CEPYME Cuenca) ha denunciado el grave deterioro del diálogo social en España y ha secundado la reclamación de su organización nacional frente al Ministerio de Trabajo. La patronal conquense exige al Ejecutivo central una negociación efectiva y transparente, advirtiendo de que las recientes decisiones adoptadas de forma unilateral comprometen de manera directa la actividad, la inversión y la estabilidad económica de las pequeñas y medianas empresas de la provincia.

Los representantes empresariales subrayan que esta falta de consenso llega en un momento crítico. En la actualidad, el tejido productivo se enfrenta a un exceso de burocracia y a una sobrerregulación que multiplica los costes administrativos. Esta situación absorbe tiempo y recursos esenciales para el crecimiento, un golpe que resulta especialmente perjudicial para las micropymes que sostienen la economía de gran parte de los municipios conquenses.
Ante esta desconexión entre la legislación laboral y la realidad diaria de los negocios, CEOE CEPYME Cuenca reivindica la puesta en marcha de medidas proporcionales. Entre sus principales demandas figuran la creación de incentivos fiscales y el desarrollo de programas de acompañamiento en áreas clave como la digitalización. Asimismo, la organización apela al artículo 7 de la Constitución Española, que protege el derecho de las asociaciones empresariales a defender los intereses económicos de sus afiliados, aclarando que su postura no busca obstaculizar la labor del Gobierno, sino garantizar la supervivencia del sector y su competitividad.
Archivo y evolución del diálogo social
Una revisión del archivo de Liberal de Castilla refleja que el pulso entre la patronal conquense y la administración estatal por el exceso de cargas burocráticas es una constante que se ha ido recrudeciendo en los últimos años. Históricamente, CEOE CEPYME Cuenca ha trasladado a la opinión pública su preocupación por la vulnerabilidad del empresariado local frente a normativas centralizadas que rara vez contemplan las particularidades operativas de una provincia marcada por la dispersión geográfica y el pequeño tamaño de sus negocios.
La actual advertencia sobre la falta de diálogo social representa un paso más en esta evolución histórica. Si en ejercicios anteriores las reclamaciones empresariales se centraban en solicitar fiscalidad diferenciada o ayudas directas, hoy el núcleo del conflicto reside en la exclusión de las empresas de la propia mesa de negociación legislativa. El tejido productivo de Cuenca ya no solo demanda medidas de apoyo para subsistir, sino que exige recuperar su derecho a participar en la redacción de unas leyes laborales que, de imponerse sin consenso, amenazan con asfixiar definitivamente a las economías locales.

