La tradición maderera regresará a las aguas del río Tajo los próximos 28 y 29 de agosto en la localidad guadalajareña de Poveda de la Sierra, escenario elegido para la trigésima edición de la Fiesta Ganchera. El evento fue presentado el pasado 18 de junio en la Oficina de Promoción Turística de Castilla-La Mancha en Madrid, donde se reivindicó el valor de esta práctica ancestral. Sergio Ruiz Teruel, delegado de la Junta en la comarca de Molina de Aragón, y Ana Rebollo Benito, jefa provincial de Turismo, destacaron el impacto directo que esta celebración mantiene sobre el turismo local y la conservación de las costumbres. Durante el acto, representantes de la Asociación de Municipios Gancheros como Mario Sanz Gómez y Hermenegildo Herranz repasaron el origen de las maderadas y la importancia de transmitir este legado a las nuevas generaciones.

El programa oficial comenzará el viernes con una conferencia de la periodista Lorena García Díez y la proyección de un timelapse de los cielos del Alto Tajo a cargo de Miguel Ángel Langa. La jornada central tendrá lugar el sábado, iniciando a las 9:00 horas con un pasacalles amenizado con dulzainas en la plaza del pueblo. A las 11:00 horas arrancará la actividad principal: el descenso de los troncos, que partirá desde las juntas del río Tajuelo con el Tajo hasta alcanzar el Vado del Tío Petrillo. Tras el recorrido en el agua, los asistentes compartirán una comida popular a las 15:00 horas, seguida de exhibiciones tradicionales de los Hacheros de Castilla y la Cabaña Real de Carreteros de Burgos. La programación se despedirá al final del día con la actuación folklórica del Grupo Chambra.
La consolidación de esta cita, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco y Bien de Interés Cultural, se apoya en el trabajo rotativo de los municipios que conforman la asociación: Poveda de la Sierra, Taravilla, Peñalén, Peralejos de las Truchas y Zaorejas. Tal y como refleja el archivo de Liberal de Castilla en su seguimiento del turismo regional durante el último año, la itinerancia de esta fiesta permite dinamizar la economía de un pueblo distinto del Alto Tajo cada final de agosto. Alcanzar la treintena de ediciones en Poveda de la Sierra no solo reafirma el éxito de este modelo colaborativo, sino que demuestra cómo la recuperación de un oficio fluvial extinguido se ha transformado en el principal motor de identidad y atracción de visitantes para toda la comarca guadalajareña.
