El Ayuntamiento de Cabanillas del Campo ha puesto en marcha este lunes 15 de junio una campaña intensiva de limpieza y revisión técnica de la red municipal de saneamiento. El objetivo de esta intervención es garantizar la máxima capacidad de evacuación de las aguas pluviales y residuales antes de que comiencen las habituales tormentas estivales que afectan a la provincia de Guadalajara.
Los operarios han comenzado los trabajos en la calle Río Duero, donde los equipos especializados ya actúan para eliminar una oclusión que reducía de forma preocupante el caudal del colector. A lo largo de los próximos días, el dispositivo se desplazará a otras infraestructuras críticas del municipio, como el aliviadero general del barrio del Mirador y el situado junto a la carretera CM-1007, en las inmediaciones de la báscula municipal.

Para evitar la aparición de atascos y la acumulación de sedimentos, las labores priorizan las áreas con menor desnivel. Por este motivo, la campaña incluye inspecciones y limpiezas específicas en puntos estratégicos de los barrios de los árboles, pintores y las capitales.
Archivo histórico
Consultando la hemeroteca de liberaldecastilla.com, comprobamos que esta campaña da continuidad a la estrategia de mantenimiento que el consistorio ya ejecutó el pasado mes de diciembre. El archivo nos muestra que el municipio interviene en la red de colectores con un patrón semestral, identificando sistemáticamente los mismos puntos de riesgo en las zonas llanas para prepararlas ante los picos de precipitación, tanto invernales como veraniegos.
Evolución y contexto
Conectar la actuación de hoy con los trabajos del pasado invierno revela que Cabanillas del Campo ha consolidado un protocolo de prevención estructural frente a los fenómenos meteorológicos adversos. La limpieza adelantada a mediados de junio busca anticiparse a las tormentas de carácter torrencial que golpean tradicionalmente la comarca a finales de agosto. De este modo, el mantenimiento de los aliviaderos y de tuberías críticas como la de la calle Río Duero deja de ser una respuesta de emergencia ante inundaciones para convertirse en una medida de seguridad permanente, garantizando que el subsuelo de los barrios esté preparado para absorber grandes volúmenes de agua.

