Mientras gran parte de la industria tecnológica está centrada en la inteligencia artificial generativa, vivo ha dado un paso más allá: llevar esa inteligencia al mundo físico.
La compañía ha ganado la categoría Reasoning to Action del AGIBOT World Challenge celebrado durante ICRA 2026 en Viena, una de las competiciones internacionales más exigentes del sector de la robótica. El reto no consistía simplemente en que un robot ejecutara órdenes, sino en que fuera capaz de comprender una tarea, planificar los pasos necesarios y actuar de forma autónoma en entornos reales.
El equipo de robótica de vivo se impuso en la final con robots físicos frente a más de 500 equipos procedentes de 27 países y regiones, demostrando la eficacia de una tecnología diseñada para convertir el razonamiento en acción.

Pero el resultado no quedó ahí. La compañía también logró situarse entre los tres mejores equipos del mundo en la categoría Whole Body Control, una prueba que simula escenarios cotidianos como realizar compras en un supermercado, donde los robots deben identificar productos, interpretar instrucciones y manipular objetos con precisión.
Del smartphone al robot doméstico
Más allá del resultado competitivo, el éxito refleja una ambición estratégica más amplia: preparar el terreno para una nueva generación de dispositivos inteligentes.
Según la visión presentada por vivo durante el Boao Forum for Asia 2026, los robots podrían convertirse en la próxima gran plataforma tecnológica de uso personal y doméstico, desempeñando un papel comparable al que hoy tienen los smartphones.
Para ello, la compañía está trasladando su experiencia en imagen, inteligencia artificial y desarrollo de hardware a la creación de sistemas robóticos capaces de desenvolverse en hogares reales, uno de los entornos más complejos para la automatización debido a la necesidad de manipulación fina, razonamiento contextual y toma de decisiones autónoma.
El gran reto de la robótica: pasar de la simulación a la realidad
Uno de los aspectos más relevantes del logro de vivo es que la competición premiaba el rendimiento en condiciones reales y no únicamente en entornos simulados.
Los robots debían comprender instrucciones, dividir tareas complejas en objetivos intermedios, reaccionar ante imprevistos y ejecutar acciones físicas de forma fiable. Este salto desde la simulación al mundo real sigue siendo uno de los mayores desafíos para la industria de la robótica y la inteligencia artificial.
Los resultados obtenidos en Viena sugieren que tecnologías capaces de interactuar con el entorno físico de forma autónoma están cada vez más cerca de aplicaciones prácticas en el hogar y en otros espacios cotidianos.

