Daniel García Rebollo ha presentado su dimisión irrevocable como secretario general de Nuevas Generaciones (NNGG) en la provincia de Cuenca. La renuncia expone una profunda fractura en la organización juvenil, motivada por lo que el ya exdirigente califica de «parálisis orgánica, falta de democracia interna y degradación política». El principal detonante de su marcha es la ausencia de un Congreso Provincial desde el año 2018, una anomalía que, según denuncia en su escrito, ha dejado a los afiliados sin capacidad real de decisión, sin renovación y ahogados por la inercia directiva.
En su carta de despedida, García Rebollo lanza una dura crítica contra la gestión de la formación, asegurando que ha perdido por completo su propósito fundacional. Lejos de funcionar como un espacio de debate, escuela de liderazgo o cantera de ideas, el político conquense lamenta que la estructura juvenil haya quedado relegada a labores menores. «Hoy, tristemente, ha quedado reducida a staff, pegada de carteles y relleno en listas», afirma con contundencia, señalando además que la dirección castiga a quienes discrepan y bloquea sistemáticamente la libertad de expresión de sus miembros.

La salida de la secretaría general no se produce en el vacío, sino que el propio García Rebollo vincula su decisión al movimiento crítico «Los valientes de Cuenca», surgido recientemente en el seno del partido provincial. Para el exdirigente, dar este paso al frente responde a una cuestión de coherencia personal y política ante una organización que describe como «agonizando por la dejadez». En su alegato final, reivindica que la juventud debe pensar, discutir y liderar, advirtiendo que «no se puede pedir compromiso a los jóvenes mientras se les niega la voz».
El eco de una crisis interna prolongada
Esta dimisión agrava una situación que no es nueva en el panorama político local. Tal y como ha venido documentando el archivo histórico de liberaldecastilla.com durante el último año, el Partido Popular de Cuenca atraviesa un periodo de fuerte marejada interna, marcado precisamente por la exigencia de distintos sectores que reclaman la celebración de congresos pendientes y una mayor apertura democrática.
La renuncia de García Rebollo demuestra que la fricción orgánica ha saltado de la estructura matriz del partido a su cantera juvenil. El hartazgo por la inmovilidad de las cúpulas y el impulso de la corriente de «Los valientes» confirma una evolución clara en la política provincial: las voces críticas ya no se limitan a los pasillos, sino que se materializan en dimisiones públicas que cuestionan el modelo de gestión del partido en toda la provincia de Cuenca.

