Las agrupaciones de Protección Civil mantuvieron un nivel de máxima exigencia operativa durante el pasado año. Los voluntarios que prestan servicio en la región, con especial relevancia en las extensas provincias de Cuenca y Guadalajara, completaron un total de 3.054 intervenciones a lo largo de 2025. Este volumen de trabajo confirma la estabilización de los servicios en torno a las tres mil actuaciones anuales desde 2019, experimentando un repunte respecto a los registros de 2024 (2.735 intervenciones) y superando también los de 2023 (2.989).
La práctica totalidad de estas movilizaciones estuvieron dirigidas por el Servicio de Atención y Coordinación de Urgencias y Emergencias 1-1-2. El periodo estival concentró la mayor presión para los efectivos locales debido a una combinación crítica sobre el terreno: el riesgo extremo de incendios forestales propio de la época y la irrupción de fuertes episodios de lluvias. Agosto lideró la estadística anual con 354 activaciones, seguido de cerca por julio (352) y junio (321).

Durante estos tres meses, la inestabilidad meteorológica obligó a activar el Plan ante el Riesgo por Fenómenos Meteorológicos Adversos (METEOCAM) hasta en nueve ocasiones. En el extremo opuesto de la balanza, el invierno ofreció una tregua operativa. Febrero y noviembre registraron el menor número de salidas, con 120 y 195 respectivamente, meses en los que las unidades se centraron en labores preventivas y de apoyo logístico a los ciudadanos.
Evolución de los riesgos y adaptación de los voluntarios
El archivo histórico de Liberal de Castilla a lo largo del último año refleja cómo la naturaleza de estas emergencias ha transformado el día a día de las agrupaciones. En comarcas de Cuenca y Guadalajara, los voluntarios han tenido que adaptar su capacidad de respuesta rápida. Si bien el apoyo en la campaña de incendios forestales sigue siendo el pilar central del verano, las tormentas repentinas y los fenómenos meteorológicos adversos han pasado a exigir el mismo nivel de alerta para realizar achiques de agua, asegurar vías y atender a poblaciones aisladas.
Esta diversificación de las emergencias explica por qué los recursos humanos y materiales necesitan un respaldo continuo. Actualmente, el sistema se apoya en 4.165 voluntarios distribuidos en 245 agrupaciones. Para garantizar que estos equipos puedan hacer frente a escenarios climáticos cada vez más extremos, la Dirección General de Protección Ciudadana mantiene los programas de formación especializada y las líneas de subvención destinadas a renovar la uniformidad y el equipamiento técnico de quienes operan en primera línea.

