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Cuando la contaminación no estuvo sólo en el agua

Redacción Por Redacción
miércoles, 1 de abril de 2026
en Opinión
Tiempo de lectura: 5 minutos
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Opinión de Alberto Loranca Gonzalo. Teniente Alcalde del Ayuntamiento de Atienza y portavoz del Grupo Municipal Popular
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Ahora que se ha retomado la normalidad y con la perspectiva que da el paso del tiempo, creo que es buen momento para reflexionar sobre todo lo ocurrido en estos últimos meses y, en especial, durante el aciago mes de enero en Atienza. En realidad, todo el asunto se centra en la relación que dos instituciones, el Gobierno de la Diputación de Guadalajara y el Ayuntamiento de Atienza, han mantenido en el último medio año, desde que la mala fortuna hizo su acto de presencia en Atienza y la operación de sustitución de una bomba, que debía haber sido de pura rutina, centró el panorama político de este pequeño pueblo al norte de la provincia sobre el que la Corporación Provincial decidió desplegar toda su artillería.

En todo aquel periodo podemos diferenciar dos fases que se corresponden con dos actitudes del Gobierno de la Diputación hacia el Ayuntamiento de Atienza. La primera fue una continuación de lo que llevamos padeciendo desde el inicio de legislatura y es de una falta de diligencia que roza la pasividad. El objetivo siempre es que los problemas de Atienza se alarguen todo lo posible con el fin de desgastar al gobierno municipal actual por puro interés electoral para 2027. Ejemplos hemos tenido varios a lo largo de estos casi tres años, pero no es el momento de ahondar en ellos para no desviar el foco de atención del tema que nos atañe.

Opinión de Alberto Loranca Gonzalo. Teniente Alcalde del Ayuntamiento de Atienza y portavoz del Grupo Municipal Popular

Fueron decenas de veces las que trasladamos desde el Ayuntamiento al Gobierno de la Diputación nuestra preocupación por retomar el flujo del pozo principal (el averiado) en todo este tiempo, obteniendo siempre por respuesta largas cambiadas y vuelva usted mañana. Intentaron, efectivamente, extraer en dos ocasiones la bomba, sin fortuna. La duda que nos envuelve a todos es por qué no se llamó a la empresa última -la constructora del pozo en su día y la que ha acabado arreglando el desaguisado- desde el primer momento.

Aquella estrategia de pasar de nosotros fue la que se tomó en un primer momento de la crisis del arsénico -agravada por aquella nefasta broma que un concejal socialista hizo el día de los Santos Inocentes en sus redes sociales en la que fantaseaba con la muerte del alcalde, concejal que todavía no ha presentado su dimisión, aunque de facto la presentara en junio de 2023-.

El lunes 29 de diciembre de 2025, el Ayuntamiento informó al presidente de la Diputación del informe que nos había enviado Sanidad, no obteniéndose respuesta por parte de éste hasta el 9 de enero de 2026, cuando vio que todo el revuelo mediático que se había generado se les estaba volviendo en su contra. En una hilarante nota de prensa acusó al alcalde de no haberse puesto en contacto con el presidente de la Diputación. Tuvo el Ayuntamiento que publicar en sus redes sociales el registro de salida de la comunicación que se le había enviado a éste doce días antes para poder informar correctamente del asunto a la población.

Fue entonces cuando entraron en la segunda fase: la de hacer ver a todo el mundo que éramos: una cuadrilla de paletos, incapaces de abordar el tema, que necesitaba ser pastoreada desde la capital de la provincia. Con tal efecto, nos convocó el presidente a una reunión el 12 de enero de 2026 para bajar del Sinaí con las Tablas de la Ley en la mano y enseñarnos cómo debíamos actuar. Mientras esta reunión tenía lugar, un técnico contratado por el Ayuntamiento de Atienza tomaba una muestra de agua del depósito de distribución municipal. Esta muestra sería la primera ya con los criterios que marca la normativa en lo referente al arsénico. Es decir, que habíamos sido capaces de encarrilar la situación por nosotros mismos sin que el presidente tuviera que venir a decirnos cómo atarnos los zapatos.

Pero el objetivo de la reunión no era ése. El objetivo era proponernos una tregua en las redes sociales para, según salíamos por la puerta, sacar ellos una nota de prensa en la que se nos tiraba otro pellizco de monja por no haber regularizado todavía nuestras captaciones. El problema es que ellos desconocían que el proceso de regularización en la Confederación Hidrográfica del Tajo ya se había iniciado y se había paralizado en Atienza por no haber podido dar los datos del pozo principal por las causas ya por todos sabidas. Una vez se instaló la bomba, se retomó ese proceso.

Afortunadamente, el suministro de agua potable se pudo restablecer el 23 de enero de 2026. La crisis se dio por terminada con el reemplazamiento de la bomba extraviada entre el 26 y el 27 de enero de 2026, aunque los políticos provinciales no hubieran salido muy bien parados de ella. Como eso no se podía consentir, se presentó la corte provincial en Atienza el 6 de febrero. Evidentemente, llevaron consigo al fotógrafo oficial. Tras ello, sacaron una nota de prensa -una más- en la que se nos instaba a “completar los trámites con la Autoridad Sanitaria”. Imaginamos que se referían al envío de la memoria descriptiva de las actuaciones realizadas a la Consejería de Sanidad, trámite que ya se había realizado el 28 de enero de 2026, nueve días antes. También dijeron que la bomba se había extraído, cuando la realidad es que la máquina propiamente dicha se hundió en el fondo del pozo. Nos acusaron de falta de mantenimiento de la red, ignorando el dato de que, en los últimos quince años, se ha procedido a la renovación de las redes de cerca de cuatro kilómetros por las calles del pueblo y de la red de captación desde el nacedero al depósito de regulación.

¿Qué se le debe entonces a la Diputación en todo este proceso? Se le debe el suministro de garrafas de agua mineral. Si bien, el objetivo de este suministro quedó claro cuando amenazaron con no pagar al transportista su trabajo porque uno de los lotes no tenía pegatinas de la Diputación. Hicieron ir a dos funcionarios de Guadalajara a Atienza ex profeso a poner unas pegatinas con una diligencia que no demostraron antes para reemplazar la bomba averiada.

Se le debe el suministro de camiones cisterna, pese a que, en una comunicación inaudita, no se comprometían a que esa agua fuera apta. Afortunadamente, el alcalde de la villa propuso que los camiones cargaran en un acuífero del que se abastece una pedanía del que tenemos analíticas recientes para evitar tanto coste de desplazamiento -además, se realizaron durante esos días analíticas para comprobar la aptitud de la mezcla de esa agua con la procedente de nuestro nacedero-. Se le debe la realización de unos análisis en el pozo extraviado, si bien cuando el Ayuntamiento solicitó que compartieran esos análisis, se negaron a ello, por lo que la empresa que los realizó hubo de tomar dos muestras consecutivas a la misma agua para que Atienza pudiera tener los resultados de una analítica de su propia agua en un ejercicio infame de duplicidad de funciones.

A los funcionarios de la Diputación -y aquí es lícito hacer una diferenciación de éstos con el Equipo de Gobierno Provincial- se le debe el asesoramiento técnico y la localización de las averías que realizaron a instancias del Ayuntamiento de Atienza. Pero querer cargar esto al haber de los políticos de la capital es como querer cargar al haber de Jorge Azcón que mis alumnos saquen buenas notas en Selectividad.

Poco a poco nos iremos olvidando de los malos ratos pasados durante aquellos aciagos días, aunque el proceder de según qué miembros del Gobierno Provincial será más difícil de olvidar.

 

Opinión de Alberto Loranca Gonzalo. Teniente Alcalde del Ayuntamiento de Atienza y portavoz del Grupo Municipal Popular

Tags: Opinión Guadalajara
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