El Servicio de Atención Psicosocial del 1-1-2 de Castilla-La Mancha intervino en un total de 41 emergencias durante el año 2025, de las cuales once tuvieron lugar en las provincias de Cuenca y Guadalajara. Estos equipos, formados por psicólogos y trabajadores sociales, actuaron para brindar los primeros auxilios emocionales tanto a víctimas y familiares como a los propios profesionales de emergencias enfrentados a situaciones de alto impacto traumático.
La mayor parte de estas activaciones respondieron a casos de suicidio, que sumaron 23 intervenciones en toda la región durante el pasado año. La segunda causa principal de asistencia fueron los accidentes de tráfico. Las muertes inesperadas, con especial incidencia en menores de edad, y los accidentes laborales graves completaron los motivos por los que el 1-1-2 tuvo que movilizar a estos equipos especializados, operados en virtud de un convenio con Cruz Roja.

A nivel territorial, las intervenciones de este equipo durante 2025 se distribuyeron de la siguiente manera:
Toledo registró el mayor número de activaciones con 18 incidentes.
Cuenca y Ciudad Real igualaron sus cifras con 7 emergencias atendidas en cada provincia.
Albacete sumó un total de 5 actuaciones psicosociales.
Guadalajara fue la provincia con menor necesidad de este servicio, registrando 4 incidentes.
Evolución del servicio y la huella del accidente de Sisante
El análisis del archivo de Liberal de Castilla muestra una tendencia a la baja en la movilización de estos recursos, pasando de las 48 intervenciones registradas en 2024 a las 41 del último ejercicio. Sin embargo, la hemeroteca también subraya la intensidad y complejidad de las activaciones recientes, evidenciando que un menor número de casos no implica necesariamente un menor desgaste emocional para los implicados.
El ejemplo más claro de esta realidad es el trágico accidente de tráfico ocurrido el pasado mes de julio en Sisante (Cuenca). Tal y como cubrió este medio en su momento, la brutal colisión entre dos vehículos dejó un trágico balance de cinco fallecidos y cuatro heridos de gravedad.
La magnitud de aquel siniestro demostró la importancia crítica del Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes (GIPEC). La asistencia no se limitó al momento inicial para comunicar el duelo a los familiares, sino que requirió la presencia de los profesionales durante varios días consecutivos. El objetivo fue estabilizar emocionalmente tanto al entorno de las víctimas como a los propios operativos de rescate, consolidando a este servicio como una herramienta imprescindible para mitigar las secuelas del trauma en las tragedias locales.

