Un estudio liderado por investigadores de varias instituciones ha identificado evidencias directas de contactos a larga distancia durante el Paleolítico superior a partir de utensilios de piedra tallada del yacimiento de Peña Capón, en Muriel/Tamajón (Guadalajara).
La investigación, basada en análisis arqueopetrológicos y geoquímicos, muestra que algunos de los útiles fueron fabricados con sílex procedente de afloramientos geológicos del suroeste francés.
Según los autores, este hallazgo representa la mayor distancia confirmada en el Paleolítico europeo entre el origen de una materia prima lítica y el lugar donde terminó depositada.

El estudio recuerda que las sociedades cazadoras-recolectoras se organizaban en redes sociales complejas que facilitaban el intercambio de información, bienes y personas, un mecanismo clave para la supervivencia.
Hasta ahora, la mayoría de desplazamientos documentados de materias primas líticas no superaban los 200 o 300 kilómetros, y las redes amplias se inferían de forma indirecta por estilos artísticos u otros rasgos culturales.
En cambio, los resultados presentados aportan una prueba geoquímica directa de contactos sostenidos a una escala superior a 600 km.
Los investigadores sostienen que no resulta razonable pensar que los grupos asentados en Peña Capón recorrieran esas distancias únicamente para obtener sílex para talla, por lo que proponen que las rocas “viajaron” a través de intercambios en redes sociales.
El trabajo defiende que estas conexiones fueron estables y complejas, mantenidas durante varios milenios, contribuyendo a la supervivencia en algunas de las fases más frías de la última glaciación.
Además de materias primas del suroeste francés, los niveles solutrenses de Peña Capón contienen sílex y jaspes de las cuencas del Tajo, el Duero y el Ebro, con orígenes que también exceden el ámbito regional.
La presencia conjunta de estas rocas en los mismos niveles arqueológicos apunta a que Peña Capón y su entorno pudieron funcionar como zona de agregación estacional, plenamente integrada en grandes redes sociales del suroeste europeo durante varios milenios.
Los autores estiman que la extensión mínima del territorio que sostuvo estas redes alcanzó cerca de 89.000 kilómetros cuadrados durante el Solutrense medio, una magnitud que atribuyen a la existencia de amplias redes de intercambio entre grupos interconectados.
En cuanto al significado de algunos objetos, el equipo interpreta que los de origen francés —escasos dentro del conjunto— no circularon por su valor funcional, ya que existían materias primas de mayor calidad más cercanas.
Entre ellos destaca una “preforma” de punta de proyectil foliácea que no habría sido tallada en el yacimiento, sino transportada ya configurada, lo que sugiere un posible componente simbólico asociado a alianzas y reducción de riesgos entre grupos dispersos en un contexto ambiental extremo como el del Último Máximo Glaciar.
El profesor Manuel Alcaraz Castaño (Universidad de Alcalá), investigador principal del proyecto MULTIPALEOIBERIA, señala que se trata de un trabajo desarrollado durante siete años y con implicaciones relevantes para comprender la organización social del Paleolítico superior.
La profesora Marta Sánchez de la Torre (Universitat de Barcelona) destaca que el uso de una técnica analítica de alta precisión (LA-ICP-MS) ha permitido identificar con mayor exactitud las formaciones y afloramientos de procedencia de las materias primas.
La investigación ha sido financiada por el Consejo Europeo de Investigación (ERC) en el marco de Horizonte 2020 (acuerdo de subvención nº 805478), dentro del proyecto MULTIPALEOIBERIA, y el artículo se cita como publicado en Science Advances.

