Tres pasos integran la procesión del Santo Entierro en los que se concreta, como en ningún otro momento, el simbolismo de la Semana Santa de Cuenca.

Primero, la Cruz Desnuda de Jerusalén. Una Hermandad fundada en el año 1924 cuyos miembros pertenecen a la Orden Tercera de San Francisco. Una Cofradía que en los años veinte, del pasado siglo, promovió iniciativas de tipo cultural y artístico y que, más tarde, a mediados de los años cincuenta, organizó una procesión el sábado santo por la Hoz del Huécar.

Tras la Cruz Desnuda, marcha la conmovedora  imagen de Cristo muerto. Un yacente sobre una especie de catafalco del que asoman unos pies desnudos que sobrecogen.

Y tras ella, Nuestra Señora de la Soledad y de la Cruz que da nombre a la Congregación en la que, también, se integra la imagen de Marzo Pérez. Una Hermandad antiquísima ya que fue promovida por el Cabildo de Caballeros y Escuderos a mediados del siglo XVI.

El pueblo de cuenca, representado por todas las Hermandades, acude al entierro en medio de un sepulcral silencio que se mezcla con el rumor del agua del Huécar por la calle de los Tintes, iluminada con luz amarilla como salida de miles de luminarias.