Pastrana va a acoger entre el 20 y 22 de abril un congreso internacional sobre Ruy Gómez de Silva, I Duque de Pastrana (1516-1573). A pesar de tratarse de una figura histórica trascendente, clave en la primera parte del reinado de Felipe II, llama la atención que “no sea tan conocido por ser quien fue, sino como consorte de la princesa de Éboli”, destaca Esther Alegre, profesora de la UNED y miembro de la dirección y comité organizador del Congreso.

Ruy Gómez de Silva, consorte de la princesa de Éboli.
Ruy Gómez de Silva, consorte de la princesa de Éboli.

Este aristócrata luso fue amigo personal desde la infancia y asesor del rey Felipe II, y encabezó la facción política ebolista, y permitió el desarrollo económico de esta villa ducal.  “Él imaginó su señorío no sólo desde el prestigio nobiliario; también lo concibió como un gran emporio económico, que dirigió con una visión pragmática y novedosa, y con una gran vocación comercial”, afirma Esther Alegre.

Además, como consecuencia de los viajes en los que acompañó al todavía príncipe Felipe, Ruy tuvo la oportunidad de aprender el funcionamiento de las ciudades estado italianas. Con esos conocimientos, el I duque de Pastrana desarrolló en su señorío una industria sedera puntera que, pese a que ya se había implantado con antelación en Pastrana, modernizó, estableciendo las redes de comercialización del tejido por todo el mundo a través de las rutas de comercio portuguesas e italianas. Gracias al duque, se fabricó en Pastrana este producto exclusivo con la más alta tecnología de la época.

“Todo hace pensar que conocía muy bien Pastrana antes de convertirse en su señor. Se sabe que había estado antes, y se supone que tenía muy clara en su cabeza las posibilidades de desarrollo de la villa ducal por la rapidez con que las puso en marcha”, afirma Esther Alegre.  Desde que Ruy Gómez se convierte en señor de la villa hasta que muere pasaron solo cuatro años.

En ese breve lapso de tiempo le dio un vuelco al concepto de señorío y también a la estructura urbana de la villa, transformando la lonja señorial, frente a la fachada del Palacio de Covarrubias, en una Plaza de Mercado, abriendo una nueva vía, la que hoy se conoce como la Calle Ancha, y construyendo el primer barrio industrial del urbanismo español, con la intención de dedicarlo a la producción y comercialización.

 
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