Firma invitada: Francisco R. Breijo-Márquez

Por más experiencia que tenga en este tipo de lances, nunca me acostumbro a ello. La muerte súbita es algo que – tal vez como a usted – me impresiona en grado superlativo. Fuere de quien fuere. Ocurra donde tenga a mal ocurrir. Sin diferencia de razas, sexos, religiones, estatus, ni otras condiciones. Me obliga mi oficio; pero más que todo, me obligan mis principios de honorabilidad.

Muerte de un negroPor tanto, me quedé -tal vez como usted – impresionado viendo las imágenes de resucitación cardíaca – RC en sus siglas castellanas – que un individuo de uniforme (desconozco el tipo de uniforme y su pertenencia; ni me importa) realizaba a otro tendido en el suelo. Las maniobras de resucitación (o reanimación,.al gusto) me resultaron perfectamente realizadas. Mi amigo Manuel Pardo seguro que también coincide. ¡Perfectas! En ritmo y cadencia de compresiones, lugar de las mismas y profundidad. ¡Perfectas!

Fue una visión de corrido. Desconocía el fondo, el quién, el cómo y todo lo demás.  Sólo me quedé con la imagen en el caletre.

Después ya se encargaron los medios comunicadores de intentar sostener – no siempre lo consiguen, gracias a quien corresponda – tanto el fondo, el quién y el cómo. Y todo lo demás. Eso sí, corregido y muy aumentado. Profusamente desorbitado.

El individuo muerto era un senegalés llamado Mmame Mbaye. De 35 años. Alto. Atlético. Y negro. Si, negro. Un servidor no es muy amigo de eufemismos. A decir verdad, los detesta. Si el pan es pan por qué llamarle « masa de harina triturada y expuesta al horno», por un ejemplo. El pan es pan. El vino es vino. Y el individuo de piel oscura es negro. Sin más ambages. Sin que por ellos tengamos que echarnos las manos a la cabeza como si hubiésemos dicho una palabrota o seamos unos rufianes racistas. Descalificativo éste que tanto se prodiga ahora. O machista. O, lo que es peor, ‘antifeminista’.

Cuando estudiaba en el parvulario, en una enciclopedia de tres tomos que se llamaba “Enciclopedia Álvarez”, recuerdo perfectamente que calificaba las razas del mundo en «blanca, negra, amarilla y aceitunada». Aquello de aceitunada no me cuadraba. Supongo que se refería a la raza hindú, digo yo. Pero decir que una persona negra es negra, en lugar de ‘color, oscuro, bruno, morenito, y otros calificativos más para intentar no herir sensibilidades, me parece estúpido. Así de claro. Y, de racista tiene un servidor lo mismo que de archiarzobispo. De machista o antifeminista, ídem de ídem.

La cuestión es que se armó la de dios es cristo rey en el barrio madrileño de Lavapies. Embravecidos por los de siempre – que ni saben lo que dicen, ni pueden decir lo que saben porque no saben nada, ni puñeteras ganas de saberlo, una multitud de manteros negros se enfiló a los guripas alegando persecución policial totalmente improcedente; con colérico racismo descollante. Y que el susodicho señor Mmame Mbaye, tuvo que salir a escape para que no le zurrasen el pellejo a base de bien. Y todas esas cosas que se pregonan para poner a caldo todo aquello que signifique autoridad, sistema y precepto. Que , al fin y a la postre, nos guste o no, siguen las normas impuestas por las leyes creadas por el gobierno triunfador en las urnas. Como resultas de tal persecución y consiguiente carrera, el señor Mmame Mbaye, tuvo un infarto miocárdico y palmó. Lo que podría ser cierto, claro que sí. Pero siempre y cuando el señor Mmame Mbaye, tuviese un problema cardíaco previo -quizá de nacimiento- y desconocido que le produjese una arritmia fatal, repentina e inesperada. O sea, lo que se viene a denominar una « muerte súbita cardíaca». Porque un infarto de miocardio desencadenado por un sobre-esfuerzo – la carrera- por un aumento en la demanda de oxigeno por parte del corazón es altamente improbable. De hecho, nadie muere de infarto de miocardio – están leyendo bien- sino por las arritmias que se producen por el mismo. Una fibrilación ventricular por ejemplo, que cada vez que veo una, me pongo a temblar.

Altamente improbable, como he escrito. Una vez diseccionado todo el proceso y sus circunstancias, todo me lleva a pensar en una alteración eléctrica cardíaca desconocida por el propio señor Mmame Mbaye.

Que me vengan los unos voceando que fue un infarto de miocardio provocado por la persecución innoble de las fuerzas del orden, que cumplen ordenes de perseguir toda desviación de las leyes constituidas por cualquier país democraticamente establecido, es sencillamente abyecto. Y el señor Mmame Mbaye, y sus colegas de trabajo mantero estaban incumpliendo leyes. Nos gusten o detestemos las mismas, pero leyes son.

Que me vengan los otros con que la muerte fue por una alteración congénita del sistema eléctrico del corazón, porque así lo demuestra la necropsia, me parece infame. Porque en una necropsia no puede valorarse tal en corazón estructuralmente sano. Así de sencillo. Y, de haber sido por un infarto agudo de miocardio- que si se puede ver macroscópicamente, porque aparecen zonas negras en el mismo, de color parecido al pobre señor Mmame Mbaye, pues sencillamente, enseñen al personal el corazón infartado y negro y consigan la credibilidad de la gente de bien y acallen las voces insalubres de los chacales de siempre.

Pero, por favor, no engañen al personal con dimes, diretes y tenderetes. Que no cuela.

El señor Mmame Mbaye, murió de una arritmia – hay cientos- congénita (tal vez hereditaria) desconocida por él y que , por una de esas, pues nunca antes había pasado pero esta vez si tocó.

Particularmente me encantan los manteros. Si son negros mejor. He visto muchos y me he maravillado de su maña al recoger la manta en décimas de segundo. Es un arte cómo lo hacen cuando se huelen a la pasma.

Pero no nos coman el tarro.

Ni los unos (la irregularidad durante doce años que llevaba en ella el señor Mmame Mbaye, se transforma en ilegalidad y está perseguida por ley , y lo saben, nos guste o nos asqueé la cosa.) Es irracional destruir coches, quemar contenedores y sus etcéteras en la seguridad de que serán apoyados por los infames de casi siempre. Máxime cuando la razón refulge por su ausencia.

Ni los otros, afirmando que ha quedado demostrado necropsicamente que existía una alteración eléctrica previa para intentar conseguir calmar unos ánimos que la pura sensatez no los permite. Sencillamente tales alteraciones no “se ven” en una necropsia. ¿Vale, listillos?

Por lo demás, que me dolió la muerte súbita del señor Mmame Mbaye; negro, fuerte, alto atlético y mantero. Y mucho. Tanto como cualquier otra muerte súbita ocurrida en la calle y que, por desgracia cada vez son más frecuentes. ¡Vaya usted a saber porqué!

Señor Mmame Mbaye, de todo corazón -parecido al que le mandó lejos a usted – le deseo paz, risas, amor y descanso allá dónde quiera que se encuentre.

¡De todo corazón! También al que firma le duele África.