El próximo sábado, 28 de abril a las 13:00 horas tendrá lugar, en las Salas de Exposiciones de la Catedral de Cuenca, la inauguración de la exposición ‘En el Principio’ de la artista Ana de Alvear. La muestra, compuesta toda ella de dibujos a lápices de colores, recoge los tres últimos años de trabajo de esta artista. De Alvear pinta con lápices Faber Castell policromos (gama de 120 colores) sobre papel Caballo 109.


La muestra compuesta por dibujos a lápices de colores será inaugurada el próximo sábado, 28 de abril a las 13:00 horas y por la tarde, a las 20:00 horas, la VIII Academia de Órgano ‘Julián de la Orden’ ofrecerá un concierto a cargo de Klaus Lang

Exposición ‘En el Principio’… es el término hebreo que Ana de Alvear ha querido elegir para titular su exposición, con esta palabra ‘bereshit’ se inicia el primero de los cinco libros del Pentateuco o Torah, el libro del Génesis. Se trata de una una reflexión sobre ‘el principio’.

Organizada la muestra en tres salas, la primera de ellas acoge 77 dibujos que componen 12 grupos que llevan por título: “Hacia la luz … no queda mucho” donde presenta obras inspiradas en la montaña Säntis en Winterthur (Suiza) desde donde se divisan seis países y que ilumina con los versículos del Génesis: ‘Dios dijo: “Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme”. Y así sucedió. Dios llamó tierra al suelo firme y mar al conjunto de las aguas. Y vio Dios que era bueno’. (Gen. 1, 9-10).

En la segunda sala al modo que los primeros filósofos griegos reflexionaron, que de la admiración por el mundo de la ‘physis’ pasaron a plantearse la realidad más allá del mundo físico, en la serie titulada “Space Time” reflexiona sobre la cosmología conduciéndonos cada vez más al punto inicial, al principio, que estalla con sus obras de gran formato.

La tercera sala, acoge sus obras de gran formato: ‘En el vórtice forzado (negro)’ y ‘En el vórtice forzado (blanco)’, obras de 3×7 m cada una de ellas, formando en total 42 metros cuadrados de dibujo, así como sus réplicas más pequeñas. Estas obras, formadas por 50 láminas cada una de ellas, nacieron en una de las múltiples visitas de Ana de Alvear a la Catedral de Cuenca por la que se siente enamorada. Es en la Capilla del Espíritu Santo cuando ella recuerda los primeros versículos del libro del Génesis: ‘En el principio Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas’. (Gen.1, 1-2). La presencia del Espíritu Santo en el origen, en la única Capilla dedicada en la Catedral al Espíritu y los 21 metros cuadrados de pared en el coro de esta Capilla, produjeron la creación de estas obras específicamente para este lugar, en las que se reflexiona sobre el origen del universo conjugándolo a la manera que el astrofísico británico, recientemente fallecido, Stephen Hawking, lo explicó. Una particular visión de este instante inconmensurable.

Para finalizar la muestra en esta última sala, y debido a la pasión de Ana de Alvear por Da Vinci, elige para que las acompañe, una de las obras del renacimiento de la Catedral de Cuenca, los Postigos del Retablo de Uña (Cuenca): Anunciación, Natividad y Epifanía de Martín Gómez El Viejo, ca. 1540, y la ilumina con el Prólogo del Evangelio de Juan: ‘En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios’ (Jn 1, 1). Esta obra en la que Gómez el Viejo hereda de Yáñez de Almedina, discípulo de Leonardo, absolutamente todo lo que el gran maestro aportó a la pintura, le sirve para vincularse a la Catedral y los tesoros que encierra, tanto de tiempos pasados como contemporáneos con sus vidrieras.

Concierto. La Academia de Órgano ‘Julián de la Orden’ de la Catedral de Cuenca, este año ya en su octava edición, ha preparado para la tarde, a las 20:00 horas, un concierto a cargo de Klaus Lang al órgano. Se trata de un extraordinario músico austriaco, ‘al que le gusta el té y no le gustan ni las máquinas corta césped ni Richard Wagner’ en sus palabras. Para él la música no es un medio para verbalizar contenidos extramusicales sino una libre forma de estar del objeto acústico. En su trabajo, no usa el sonido, sino que el sonido es explorado, dándosele la oportunidad de desvelar su belleza y riqueza intrínseca. Sólo cuando el sonido es simple sonido podemos apreciar lo que realmente es: un fenómeno temporal, es tiempo audible. Klaus Lang entiende el tiempo como materia genuina del compositor y al mismo tiempo también como contenido fundamental de la música. En su sentido musical, la materia es el tiempo percibido a través del sonido; el objeto de la música es la experiencia del tiempo a través de la escucha. La música es, así, el tiempo hecho audible.

El compositor austríaco Klaus Lang es una suerte de mago del órgano, un extraordinario creador musical. Catedrático de Composición en la Universidad de Graz y amigo personal de Ana de Alvear, desplegará un programa muy original. Junto a composiciones propias como ‘A’ y ‘D’ de ABD, Tríptico para órgano, compuestas en 1971, interpretará piezas de Gabrielli, Rossi y Froberger. Ocasión propicia también para esta nueva reflexión musical que complementará la reflexión de Ana de Alvear en su exposición ‘En el Principio’ para la que Lang estrenará la obra ‘El universo de Ana’, improvisación de estreno absoluto.