Martín Ruiz de Alarcón, introdujo la fiesta en el siglo XV.

En el siglo XV ya existían adelantados a su tiempo que, vete a saber cómo, se las ingeniaban para asentar en sus pueblos alguna cosa chocante que, o bien les había sucedido o, de otra forma, se habían quedado prendados de ella. De esto, claro, saben mucho los pastores porque, desde la Mesta, no se ha hecho otra cosa que transmitir en vivo y en directo, de forma oral, lo que otros lograban con cierto éxito en otros lugares. Adaptar de una manera, u otra, lo que hoy en día es un duelecabezas. Podría citar a Mazuecos, en la provincia de Guadalajara, que también de esto sabe lo suyo cuando festejan de semejante forma a la Virgen de la Paz por culpa de un soldado, este del siglo XVI, que tras confesarse a sí mismo en Lepanto, provocó lo que a día de hoy es la fiesta.
Pero volvamos a lo que íbamos y tomemos el túnel del tiempo para trasladarnos a la toma de Granada en la que un personaje, Martín Ruiz de Alarcón, oriundo de Valverde de Júcar, se hace famoso no sólo por haber sido guardián de Boabdil, sino porque le encomendaron la custodia de un príncipe niño, llamado  Side Hamed, origen de todo, porque con ese lío, los nazaríes intentaron por todos los medios rescatar al niño hasta ocurrir lo que tenía que pasar. Que el niño se convirtió al cristianismo con lo que cesaron las reyertas entre ambos bandos.

De regreso a Valverde, don Martín Ruiz contó lo sucedido y, como buen adelantado a su tiempo, decidió llevar a la práctica aquéllos encontronazos con un cambio sustancial: colocando al Santo Niño como objetivo de ambos bandos. Y todo ello en Valverde de Júcar, en la provincia de Cuenca desde el 5 al 10 de Enero. Un lugar privilegiado y deseado entre el Júcar y el Gritos cuyos habitantes, desde mediados del siglo XX,  miran más a sus sombras que a otros perfiles desde que las obras del pantano truncaran sueños y esperanzas cuando corrigen el trazado de la carretera nacional,  y pierden las comunicaciones directas con pueblos como Honrubia o La Almarcha quedando aislado de la zona más próspera y desarrollada.

Por eso los valverdeños miran así cuando las aguas del pantano están ahí o al otro lado dejando al descubierto lo que fue y ya no es. Quedan, eso sí, reminiscencias de aquéllos años felices. Fachadas y rótulos de negocios que uno ha visto y que, por lo que cuentan, era el no va más. Quedan muchas cosas de peso pero, para estos días, tenemos lo que se sacó de la manga don Martín Ruiz de Alarcón aunque uno no estuviera allí para dar testimonio de ello.